
El adenosín trifosfato (ATP) tiene una importancia significativa como compuesto biológico fundamental debido a su papel fundamental en proporcionar energía para varios procesos vitales. Todos los organismos vivos necesitan energía para ejecutar funciones biológicas esenciales como la fotosíntesis, la contracción muscular, la digestión y la biosíntesis. Funcionando como el portador de energía universal para todos los organismos, el ATP comúnmente se conoce como la "moneda energética" de las células. La comprensión del papel universal del ATP fue establecida notablemente por Fritz Lipmann (1899–1986), quien, junto con Hans Adolf Krebs (1900–1981), compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1953 por sus contribuciones.
Durante la respiración celular, diversos compuestos, incluidos carbohidratos, grasas y azúcares, se convierten continuamente en ATP dentro de las células. El ATP, a su vez, se utiliza en varios compartimentos celulares para suministrar energía. Además, el ATP sirve como neurotransmisor almacenado y secretado junto con otros neurotransmisores desde el páncreas. Estructuralmente, el ATP es un nucleótido compuesto por el nucleósido adenosina con tres grupos fosfato unidos. Los enlaces de alta energía que unen los fosfatos en el ATP son cruciales para la producción de energía en las células.
Karl Lohmann (1898–1978) aisló por primera vez el ATP de extractos de tejido muscular en 1929, y Alexander Todd (1907–1997) sintetizó el ATP en 1948, por lo que recibió el Premio Nobel de Química en 1957. La conversión del ATP a adenosín difosfato (ADP) durante la hidrólisis libera energía, lo que hace que el ATP sea el mecanismo principal para el suministro de energía en procesos biológicos.
La síntesis de ATP en los organismos implica la fosforilación oxidativa, el proceso principal utilizado por los organismos aeróbicos para producir ATP. Este proceso ocurre en las mitocondrias, donde el nicotinamida adenín dinucleótido (NADH) se oxida, generando un gradiente de protones y, en última instancia, resultando en la síntesis de ATP. La glucólisis es otro proceso generador de ATP que convierte la glucosa en piruvato, produciendo ATP y NADH. El ciclo de Krebs también contribuye a la producción de ATP.
En los organismos aeróbicos, la fosforilación oxidativa, la glucólisis y el ciclo de Krebs generan colectivamente ATP, siendo la fosforilación oxidativa el contribuyente más significativo. En los organismos anaeróbicos y procariotas, diferentes mecanismos conducen a la producción de ATP. Las plantas verdes producen ATP en los cloroplastos a través de un proceso similar a la fosforilación oxidativa, denominado fotofosforilación, donde la luz solar genera el gradiente de protones requerido. El intrincado mecanismo enzimático subyacente a la producción de ATP ha sido elucidado en las últimas décadas, lo que llevó al reconocimiento de Paul D. Boyer (1918–), John E. Walker (1941–) y Jens C. Skou (1918–), quienes compartieron el Premio Nobel de Química en 1997 por sus contribuciones.
Richard L. Myers (2009). Los 100 Compuestos Químicos más Importantes: Una Guía de Referencia. Greenwood Publishing Group. 1 de octubre de 2009. https://doi.org/10.1021/ed086p1182
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